miércoles, 13 de abril de 2011

Abrir la mente a los ojos grandes

Estoy sentada en la peluquería, hace una hora que espero. El salón está lleno de mujeres hablando sin parar. Escucho callada y las observo. “¿Viste esos dibujos horribles con ojos grandes?”, dijo la que está a mi lado. “Sí, la verdad que me preocupa que mi hijo los mire”, expresa otra a la que le están lavando la cabeza. “El otro día le comentaba a mi marido cómo se han degenerado los dibujos de ahora”, salta una a la que le están haciendo la tinta. “Y estos, que además de ser deformes, sólo tratan violencia y cosas raras”, sentencia la primera que habló. Y así siguen opinando, y yo me rio por dentro.
Los dibujos japoneses, conocidos como anime, son vistos por la mayoría de los padres como una amenaza para sus hijos. Sus gráficos los asusta porque no son convencionales. Allí se quedan y no ven más allá. Violencia, magia, monstruos, temas supernaturales, han existido desde los primeros dibujos como Bambi y Blanca nieves y los siete enanitos. Hasta el día de hoy no puedo mirar Bambi sin llorar y puedo asegurar que me traumó verla de tan chica. Por otro lado, Recuerdo cuando mi madre me contaba cómo le gustaban las historias de Superman y Flash, que no tienen nada de normal. Son personajes con super poderes que luchan contra el mal.

Ahora bien, hoy en día existen dibujos para adultos como los Simpson, Futurama y Padre de familia. Son dibujos que están creados para adolescentes y adultos, y tienen mucho éxito. Los Simpson van en su vigésima temporada. Así como la programación de Fox contiene estas series, hay otros canales que pasan anime. En ellos se encuentran dibujos japoneses para niños como Pokemon, Disgaea o el reciente Bakugan: La Batalla. Por otro lado, fuera de la televisión, se puede hallar series japonesas que son pensadas para un público de mayor edad y por lo tanto sus temas e imágenes no son apropiadas para niños.

Otro tema a aclarar es que no todos los animes tienen ojos gigantes y personajes estrafalarios. Hay distintos estilos de dibujos y justamente aquellos que de repente se hacen chiquitos y gorditos, con la boca enorme gritando algo, se llaman Chibi - que significa pequeño o niño - y son cómicos. Al igual que Hana Montana hace expresiones y movimientos exagerados - porque entretienen a los niños - estos dibujos exageran sus “movimientos”. Esto no quita que no existan con gráficos totalmente comunes y atractivos como cualquier otro dibujo normal.

Tal vez tengan razón, es mucho mejor que los niños miren las novelas argentinas que pasan a toda hora, con su fino vocabulario y una moral ejemplar. O podrían mirar Avatar, la leyenda de Aang que lo dan en el Nickelodeon, un canal pensado para chicos. Además, trata - de forma inocente - temas como la amistad, el amor, la búsqueda de la paz mundial y mensajes sobre la metafísica y la energía positiva.

Es cierto que el miedo se aloja en lo desconocido y lo extraño, pero me pregunto ¿no es más fácil acercarse a ello y tratar de comprenderlo? Sentarse con tranquilidad, con la cabeza abierta e investigar un poco no va hacer daño a nadie. Y quién sabe, tal vez se pueda aprender algo. Tal vez abran sus mentes y se olviden de los ojos.

lunes, 11 de abril de 2011

Sonorización de la vida

Salgo de mi casa, tranco la puerta, me pongo los auriculares y presiono play: a caminar. Es un trayecto de 10 cuadras que no concibo hacerlo en silencio. La música tiene que estar allí. No importa el tema, el cantante o el género. Es una parte de mí que no puedo evitar.

Después de dos cuadras empiezo a meditar. La música sólo está de fondo. Me sirve para poder aislarme y así, pensar mejor. No me distraigo con los ruidos de la calle. Me siento bien, en paz. Me gusta repasar lo que tengo que hacer y creer que todo saldrá bien. Es como una terapia. Me ayuda a canalizar recuerdos, sentimientos, ideas, pasiones.

Llevo cuatros cuadras y me doy cuenta que la música no sólo me acompaña todas las mañanas. Mi obsesión va más allá. La llevo dentro, me mueve, me motiva. Tal vez, es porque a los seis años estaba obligada a escucharla con atención para poder representarla en ballet. Horas y horas con una pieza clásica para entender la historia y las emociones que hay detrás. Para que el espectador crea en mis pasos y entienda la historia. Para poder comunicarme mejor.

Ya son seis cuadras y me encuentro esperando el cambio de un semáforo. Mi reproductor elige la canción Trouble de Coldplay y su introducción en piano me traslada en el tiempo. Me veo a mí misma parada en frente a un órgano practicando, con mi profesora al lado, que corrige mis errores. Me trae nostalgia. Pienso en mi niñez y en mi abuela, que asistía a todos mis recitales. Recuerdo lo orgullosa que ella estaba de mí y entiendo por qué me gusta tanto tocar ese instrumento. Creo que además, por ello me rodeo de músicos. Siempre estamos yendo a toques y conciertos, de amigos o de músicos conocidos, y luego pasamos horas compartiendo nuestra mirada crítica del show.

En la octava cuadra me pregunto en qué otra parte de mi vida se encuentra. Imagino que estoy en una fiesta y me dejan a solas con alguien que no conozco, me lo acaban de presentar. Intercambiamos un par de palabras y quedamos en silencio. Se puede sentir con claridad la tensión. Antes de que lo pueda pensar estoy hablando de música para romper el hielo. Todos tenemos algo para decir cuando se trata de ella. Qué géneros nos gustan o qué pensamos de la carrera de un artista. “¿Por qué cambió tanto Shakira?, ¿te acuerdas de cómo era en los noventa?”, me pregunta. “Porque vende”, le contesta mi amigo que acaba de llegar. De ahí se entabla un debate que a algunos atrae y a otros espanta. Argumentos por aquí, hechos y cifras por allá. Y yo me siento cómoda.

Décima cuadra. Estoy parada frente a mi facultad. Todavía sigo escuchando música. No puedo entender cómo es que me sirva y me provoque cosas tan diferentes entre sí. Incluso a veces opuesta. Me desconecta del mundo, me aísla, pero también me sirve para compartir momentos y me ayuda a expresarme. Me hace recordar pero también me motiva a seguir adelante. Me hace mejor persona, me ayuda a crecer. Es algo que tengo en común con todos. Es un punto de encuentro para todos aquellos dispuestos a escuchar. No estudio música sino comunicación pero creo que fue la primera que motivó a la segundo. Al final todo es comunicación y la música un todo.