jueves, 20 de mayo de 2010

Las familias evitan ir al Centenario

Eran la una y media del 18 de mayo. La tarde del clásico entre Peñarol y Nacional, la final de la. El Centenario estaba rodeado de vallas, policías de tránsito, coraceros y policía montada. De a poco iban llegando hinchas de ambos cuadros. Todos se preparaban para el partido.

“No importa el nivel social del hincha, se ponen una camiseta y se transforman” dijo un policía de tránsito que estaba trabajando en frente al estadio. La violencia en el futbol es una de las mayores preocupaciones de hoy en día. El estado ha tomado diferentes medidas para intentar disminuir los problemas: zonas de exclusión, control de espirometría, prohibición de entrar con mate y termo, prohibición de bebidas alcohólicas cerca del lugar, y sobre todo mucha presencia policial.

Según el policía de tránsito, los que van a la cancha no son delincuentes sino que es el entorno el que los afecta. Habló sobre la experiencia de un policía que trabajó como seguridad en el estadio. En el 2004, a este coracero, le fracturaron el brazo en un incidente en la columna Amsterdam. El policía explicó que los hinchas más violentos con la policía son los de Nacional. A fuera de la cancha los hinchas insultan a los policías, dentro los apedrean. “Los menores son los peores porque no se les puede hacer nada” dijo el policía. Él se considera un fanático del futbol pero dejó de ir a los partidos por la violencia en los mismos.

Del mismo modo, las familias van cada vez menos al estadio por miedo a que pase algo. Según Martín, un joven que vende banderas a la vuelta del estadio, las ventas bajaron porque ya no hay casi familia que se anime a ir a ver un partido. Martín explica que los hinchas ya tienen sus banderas, camisetas y gorros; eran los padres que compraban a sus hijos. Sin embargo, para él los problemas fuera del estadio disminuyeron al separar los caminos de los hinchas. “Antes la Olímpica era una tribuna familiar, ahora hasta ahí hay líos” comentó Martín.

Horacio vive en el parque Batlle y ha vivido muchos clásicos. En lo personal nunca tuvo problemas pero él cuenta que fue socio de Peñarol por 40 años. “Me borre por los incidentes que estaban ocurriendo”. Horacio llevaba a su mujer a todos los partidos pero hace unos años atrás comenzó a sentirse inseguro y dejó de ir al estadio.

Otra persona que ha presenciado muchos partidos es “El gitano”. El gitano es el cuida coche de la zona del Parque Batlle. Hace diez años que trabaja ahí y todos los vecinos confían en él. Para él, lo peor de los clásicos son los cuida coches “truchos”. Dice que vienen supuestamente a trabajar pero siempre terminan ocasionando alguna molestia. El gitano tiene el respaldo de la policía que ya lo conoce y él los llama y les pide que se queden si “las cosas están bravas”. “Los partidos son escandalosos y si pierde Peñarol es un infierno”. Él trata a los hinchas con respeto y nunca le ha pasado nada. Sin embargo, reconoce los disturbios que suceden alrededor de su zona de trabajo. “los ves pasar con sus botellas con vino, los saludo e incluso algunos me han dejado propina” cuenta el gitano.

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